lunes, 6 de octubre de 2014

Por primera vez

Amo que nuestras salidas sean tan improvisadas, que aparezcas de la nada con una invitación a cualquier lugar, con una invitación a buscarte. Después de tanto hablar, de tanto chat y tanta palabra había llegado el momento de verle la cara o mejor dicho vernos cara a cara, porque nuestras caras ya sabíamos cómo eran, para algo Marck creó el Facebook.
Como las salidas que vendrían después,  para  nosotros reina la improvisación. Sabiendo que la distancia cumple un papel importante, nos separan  diez horas de viaje en micro, casi 800 km, cualquier ocasión en que él esté en Buenos Aires sería buena para vernos.
Así fue como sucedió nuestro primer encuentro...
Mensaje va, mensaje viene, que te quiero ver, que quiero que estemos a solas, que no sé cuándo voy a volver, que tengo que esperar un montón de tiempo hasta que salga mi micro y estoy solo, etc., etc… Bueno, listo tengo ganas de verte, ya me convenciste, esperame que voy! No lo dije así pero es más o menos lo que me pasó por la cabeza en ese momento....

Ahora, la cuestión es cómo salir de casa con una buena excusa a las cuatro de la tarde sin ningún aviso previo y encima ¡Irme hasta Liniers! Que era dónde él estaba…
Gracias a Dios, existe Campolongo jajaja! No iba a decir que pensaba encontrarme con un desconocido con el que solo hablo por chat y que además de todo es de Córdoba y mi “jefe” (aunque el deteste que lo llame así y yo sólo lo haga para molestarlo).
Así que, esa fue la excusa perfecta: hacer el trabajo práctico de Campolongo. Tenía que esperarme a que yo llegara, no se iba a ir a ningún lado, así que si bien sabía que él estaba tan ansioso como yo  no tenía más opción que esperarme.
Finalmente llegué, no tenía idea de cómo iba a encontrarlo aunque sabía que no podía ser tan difícil, no había mucha gente… Sólo bastaron un par de indicaciones por celular para que yo llegara a su lado.
Lo vi y en ese momento mi corazón estaba a punto de estallar,  lo que estaba haciendo era todo "ilegal" (entiéndase las comillas en la palabra), había mentido para encontrarme con un "desconocido" al cual "conocía" y del cual de alguna forma estaba enamorada, y creo que eso volvía a la situación mucho más interesante!
Nos sentamos en un “bar”, dentro de la terminal, en el cual vendían un café horrible y muy caro! Pero no había nada más importante, para mí, que estar con él, incluso aunque el ambiente y la gente de la terminal no fueran de mi agrado en absoluto!.
Creo que estuvimos al menos, cuatro horas juntos. Hablamos de todo, de la página, de los chicos de la página, del jefe, de la vida, la facultad, el trabajo, etc. Me hizo reír, poner colorada diciéndome cosas hermosas e incluso poner nerviosa. Debo admitir que todo me encantó de él, desde como hablaba con su acento cordobés hasta sus ojos y su sonrisa.
Pese a todo, los nervios que sentía todo el tiempo no tienen descripción… Aunque creo que la mejor y la peor parte vinieron con la charla posterior al encuentro (que comentaré brevemente) y el momento de la despedida.

Primero la despedida y después la charla....
Llegó la hora de la despedida, su micro se iba y yo tenía que irme a casa, me estaban esperando… Dejamos el bar, y me acompañó hasta la salida de la terminal. En ese momento, me miró a los ojos y yo pensé: “ahí me besa”, pero no me quedé con las ganas, nos quedamos con las ganas. Creo que si bien quería el beso, me asusté, le corrí la cara y después me arrepentí pero tampoco quería que creyera que era una chica fácil que en la primera cita me iba a besar. Obviamente me arrepentí porque no sabía cuándo volvería a verlo y eso me terminó torturando por el resto de los días...
Por supuesto que en el viaje seguimos hablando, él estaba preocupado porque yo llegara bien a mi casa, siempre se preocupa por mí en ese sentido, cuando salgo de la facu, cuando voy a la facu, y me gusta porque a la distancia me cuida.
Y en esa charla entendí todo...Que sus intenciones era verdaderas, que no sólo me decía cosas lindas por chat, sino que también en persona y que le había gustado verme ese rato, aunque había habido un problema... Estábamos en un lugar público, había un vieja, sentada en una mesa de al lado, que no paraba de mirarnos mientras hablamos en el café y realmente nos resultaba insoportable, me hubiera encantado saber qué pensaba. Él me contó que su insistencia por irnos del bar, a lo cual yo me negaba, era porque quería besarme, jamás pero jamás me di cuenta que esas eran sus intenciones, salvo como dije más arriba cuando nos despedimos. Me "confesó" que él quería que nos besáramos en otro lado porque si yo lo rechazaba no quería quedar como un perdedor adelante de la vieja que nos estuvo mirando todo el tiempo. Además, también, me dijo que no quería que quedara todo en un beso, algo que obviamente yo tampoco quería.
Estaba más que claro, al menos para mí, que no lo iba a rechazar, pero ya era tarde él ya estaba en el micro emprendiendo su regreso y yo acostada en mi cama, pensando en la próxima vez en que lo volviera a ver....

No hay comentarios:

Publicar un comentario