viernes, 4 de enero de 2013

Un día sobre patines


Nada podía compararse con la libertad que sentí al hacer rodar sus rueditas sobre el cemento. Podía sentir el viento golpearme la cara, mi corazón latir con velocidad frente a mi temor de caer y mis piernas moverse hasta más no poder.


Realmente no me sentía del todo entusiasmada con la posibilidad de ir a patinar, mi hermana últimamente tiene casi una obsesión con el asunto pero la verdad es que yo no. Era primero de enero, dormí hasta tarde lo cual implicaba que no me hubiera levantado con el mejor de mis humores. Sin embargo teniendo en cuenta que el día estaba lindo acepté ir. Fue la mejor decisión que había tomado ese día.
Llegamos hasta Palermo en el auto acompañadas de Queeny, que obviamente estaba más entusiasmada que nosotras por estar al aire libre, así que mientras nosotras girábamos sobre ruedas ella caminaba al sol.
No puedo dar cuenta exactamente de mis sensaciones al estar con los rollers en mis pies, al principio obviamente tuve miedo de caerme, la ultima vez que fui ni bien me paré de la silla en la que estaba para cruzar a la “pista", terminé sentada en el piso. Debo admitir y celebrar que esta vez no me caí ni en una sola oportunidad.

Al principio debo admitir fui cuidadosa, lenta, tratando de hacer equilibrio para no cometer papelones y darme un porrazo, sin embargo cuando me di cuenta que podía mantener el equilibrio, tomé velocidad y no hacia mas que gritar para que quienes se cruzaban en el camino no sean victimas de una patinadora un tanto imprudente. Era sólo cuestión de confianza.
Anduve, anduve y anduve. Esquivé gente, le grité a otros para que me dejen pasar y fundamentalmente me sentí libre, feliz como hacía tiempo no me sentía.




No hay comentarios:

Publicar un comentario